2025: un año agridulce de cierre y renacimiento

Parece mentira: otro año que se fue volando. Este 2025 fue un verdadero año de cierre, y honró al máximo la numerología del año 9. Con él llegó una oleada de cambios profundos, para bien o para remover todo lo que ya no tenía coherencia. La energía colectiva se sintió más intensa que nunca. Muchos vivieron despertares de conciencia, pero quienes llevamos años en este camino espiritual conocemos una verdad incómoda: no hay despertar sin atravesar antes un tramo de oscuridad. Por eso, este año tantas personas entraron en conflicto con su vida y con la forma de mirarla. El 2025 dejó algo muy claro: no se puede seguir sosteniendo una vida “de antes” con una conciencia “de ahora”.

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Betsy Jiménez

12/29/20253 min leer

The numbers 2026 and 5 on a blue background
The numbers 2026 and 5 on a blue background

2025: un año que movió todo

En lo colectivo, se notó el conflicto entre lo viejo y lo nuevo: estructuras que se caen, verdades incómodas saliendo a la luz, relaciones que ya no sostienen, trabajos que dejan de tener sentido, inteligencias artificial por todas partes, identidades que se deshacen.
Mucha gente sintió que su vida “se desordenó”, cuando en realidad lo que se estaba desordenando era el autoengaño.

Un año 9 viene a eso: a cerrar capítulos, a pedirte que devuelvas lo que no es tuyo, que sueltes lo que ya no vibra contigo, aunque duela.

De viajar al astral… a viajar al cuerpo

Por mi parte, 2025 trajo cambios concretos y profundos.
Me mudé de estado. Empecé un nuevo hogar,  amigos. Cambié de entorno, de ritmo, de aire. Me acerqué más a la naturaleza, no como concepto espiritual, sino como lugar real para habitar: árboles, lagos, animales, silencios.

Y algo más pasó:
después de tantos años de meditación, de viajes internos, de experiencias “arriba”, este año me tocó hacer un viaje hacia abajo: hacia el cuerpo.

La “maestra enfermedad” se presentó en forma de anemia crónica. Más que un diagnóstico, fue un portal: un viaje íntimo y cósmico hacia mis propias células, para entender la lógica de mi cuerpo y la importancia de cada nutriente y de la química celular que, en silencio, me mantiene viva.

La falta de hierro, el cansancio profundo, el corazón acelerado, la sensación de que el cuerpo no alcanzaba… todo eso me obligó a entrar en una escucha aún más silenciosa: escuchar el fluir de la sangre, habitar los huesos, notar los corrientazos de los nervios y los pulsos secretos de cada órgano.
Si no hubiera sido por esa llamada, probablemente no habría despertado ciertos “portales sagrados” internos que solo se abren cuando la vida te frena.

2025, con todo y su magía, me enseñó que no basta con expandir la conciencia “hacia arriba”; hay que encarnarla en cada célula.

Un año que te sacó de la zona de confort

Si algo tuvo este año fue intensidad.
Aunque todos los años cambiamos de piel, 2025 se sintió distinto:
o te movías, o la vida te movía.
O hacías cambios, o los cambios se te imponían.

Cambios de casa, de país, de trabajo, de vínculos, de hábitos.
Cambios internos que ya no se podían seguir posponiendo.
El 2025 fue ese empujón incómodo que te dice:

“Hasta aquí te sirvió lo viejo. Ahora te toca elegir distinto”.

2026: un año 1, un nuevo código

Después de un año 9, llega inevitablemente un año 1.
El 2026 se siente como un nuevo código que empieza a descargarse:
nuevo comienzo, nueva identidad, nueva forma de estar en el mundo.

No solo porque cambiamos nosotros, sino porque el planeta ya no es el mismo.
La tecnología ya no es una herramienta lejana: está en todo.
La inteligencia artificial transformó la forma en que trabajamos, creamos contenido, nos mostramos y consumimos información.
Desde 2020 venimos atravesando un shock en la conciencia colectiva.
Cinco años después, ya no somos los mismos. Estamos más maduros, más cansados de lo superficial, más listos para otro tipo de despertar.

2026 trae la energía del volver al uno: a ti, a tu verdad, a tu voz, a tu forma única de estar en la vida.

Reflexión final: gracias, 2025

Sí, 2025 fue agridulce.
Hubo pérdidas, finales, diagnósticos, cansancio, dudas.
Pero también hubo claridad, alineación, cambios valientes, nuevas raíces, nuevos códigos de luz entrando en el cuerpo.

Así que, gracias por ser, por estar, por acompañar este tramo del camino.
Gracias a este año que nos obligó a mirarnos sin filtro y a reconocer qué ya no podíamos seguir igual.

Que el 2026 te encuentre más honesta contigo, más presente en tu cuerpo, más en paz con tu historia.
Que este nuevo año sea para ti un verdadero renacer.

Bendiciones y feliz 2026.