Cómo Mi Anemia Me Reveló el Secreto del Rayo Ámbar y el ADN Solar
Cuando hablamos del color ámbar, se vuelve algo ambiguo: un marrón dorado con tonos oro, una luz que no se define tan rápido. Pero si vamos a su origen —a su esencia— descubrimos que el ámbar es mucho más que un color: es una historia de transformación. Cuando un árbol sufre una herida —una rama rota, una enfermedad— responde con un mecanismo de defensa: genera resina. Esa resina —análogo vegetal de nuestros glóbulos blancos— recubre la herida, sana el tejido. Con el tiempo, esa resina se acumula, endurece, se cristaliza y, expuesta al sol, la lluvia, el frío, la sequía… puede fosilizarse hasta convertirse en roca. Así, se puede decir que el ámbar surge de un proceso inmune del árbol para sanar. Esa sustancia incluso queda con partículas atrapadas: insectos, materia vegetal… tiempo detenido.
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Betsy Jiménez
11/13/20255 min leer
Mi Conexión con el Ámbar
En mi caso, más o menos algo similar pasó. Mi cuerpo se estaba lentamente marchitando. Tuve tantas señales, recordatorios, pero realmente no les prestaba atención hasta que mi perrita Canela, ya senior, comenzó a enfermar. Los palpitos de mi corazón se empezaron a sentir con más fuerza. Algunas veces me quedaba sin aliento, otras veces los sentía en el cerebro y otras en el estómago. ¿Casualidad? No. Era mi anemia crónica pidiendo a gritos una materia prima fundamental para vivir: hierro*.
Sí, hierro. Ese mineral fuerte, sólido, y que según los científicos e hipótesis es el mineral con el que está compuesto gran parte el núcleo de la Tierra.
Luego de la primera transfusión de hierro, algo en mí comenzó a cambiar. Yo, por ser tan sensible, pude sentir cómo corre cualquier líquido por mis venas, hasta el corazón. Cambió el sabor de mi boca, pulsaciones, ojos vidriosos y el bombeo de mi corazón. Sin embargo, ese líquido negro que al diluir con suero literalmente se vuelve color ámbar, le estaba dando a mi torrente sanguíneo la materia prima que necesitaba y me pedía a gritos para poder producir nueva sangre. El fluido más importante de nuestro sistema. La savia de nuestro vivir.
Y allí empezó una conexión con el rayo ámbar y su importancia con el despertar de la nueva era.
El Rayo Ámbar y Nuestro ADN Solar
Allí entendí que por medio del rayo ámbar se activa nuestro ADN solar. Para poder fijar y absorver el hierro se necesita vitamina D—El cuerpo la produce naturalmente cuando la piel se expone a la luz solar, es decir, son los cristales materializados del sol en nuestro cuerpo—y la vitamina B12, es esencial para la formación de glóbulos rojos, lo cual es vital para el transporte de oxígeno mientras que la vitamina D no participa directamente en la absorción del hierro, sino en la absorción del calcio, que es necesario para la salud ósea.
El hierro activa todo nuestro sistema óseo, formando glóbulos rojos en lo más profundo, escondido y oscuro en el interior de nuestros huesos, creanado sangre nueva: el fluir de la vida misma. En ella no solo se encuentra nuestra información genética celular, sino que se encuentra la información estelar de todas las razas, de años y siglos de evolución. Fluido que los dioses veneraban y los vampiros codiciaban.
La sangre como portal dimensional
Y si, la sangre es un activador importante de nuestra información dimensional, es una materia que puede cambiar su composición con el pensamiento, tal cual como se muestra en el documental "Mensajes del Agua" del Dr. Masaru Emoto.
La sangre está compuesta en un 80% por agua, principalmente a través del plasma, que en sí contiene un 90% de agua junto con sales minerales y proteínas. Esta composición la convierte en un activador energético esencial, capaz de impulsar procesos de regeneración profunda: desde las cavidades óseas hasta los órganos... e incluso nuestros propios pensamientos.
Por lo que activar en nuestro interior el rayo ámbar—la conexión divina con la Tierra—es fundamental para poder hacer ese salto cuántico que muchos deseamos, que algunos ya están experimentando, pero que realmente el colectivo necesita hacer.
¿Por qué el rayo ámbar importa en el despertar de la nueva era?
Activa el enlace con la Tierra: materia, sangre, mineralidad.
Conecta el sol, la raíz, el cuerpo físico y energías superiores.
Transforma lo que parecía decadente en nueva vitalidad.
Te recuerda que la sanación y la transformación no son solo mentales, sino también físicas, celulares… una reconfiguración profunda del cuerpo, donde el ADN se activa, se regenera y se alinea con tu esencia solar.
Cómo trabajar el rayo ámbar en tu interior
Siéntate en silencio, calma tu respiración y visualiza un líquido ámbar que fluye desde tus pies hasta tu cabeza, llenando cada célula.
Conecta con la tierra: pisa descalza, toca un árbol, siente su savia ancestral.
Acepta tu necesidad: si has ignorado señales del cuerpo, haz pausa. Detecta qué te pide.
Integra nutrientes: hierro, sol, vitamina D, B12… (consulta profesionalmente) y recuerda que cuerpo‑mente‑espíritu son uno.
Afirma: “Soy el torrente de vida en mí. Soy la tierra, soy la sangre, soy luz ámbar.”
Reflexión final
Después de tres transfusiones de hierro, vitamina D, B12 y una inyección potente de glutatión**, cinco estudios de imágenes, doce tubos de sangre extraídos para análisis, desmayos, múltiples sueros, varias taquicardias, dolor de pecho, insomnios, profundas reflexiones y un sinfín de meditaciones y señales, puedo concluir lo siguiente:
El ámbar no es solo una piedra preciosa atrapada en el tiempo. Es el testamento fosilizado de un proceso de sanación, la memoria cristalizada de una herida que se transformó en belleza eterna.
Del mismo modo, la sangre que corre por nuestras venas no es solo un líquido biológico: es memoria cósmica, es información estelar, es el río que conecta nuestro pasado ancestral con nuestro futuro cuántico. Cuando honramos nuestro cuerpo, cuando le damos lo que necesita—hierro, luz solar, amor—estamos honrando milenios de evolución y abriendo las puertas a una nueva forma de existir.
Cuando un árbol produce resina para sanar su herida, está haciendo lo mismo que nuestro cuerpo cuando fabrica nueva sangre en la oscuridad de nuestros huesos: está eligiendo la vida, está eligiendo transformar el daño en medicina, la carencia en abundancia, la enfermedad en renacimiento.
El rayo ámbar nos invita a recordar que somos parte de la Tierra, que nuestros procesos de sanación son sagrados, y que cada célula de nuestro ser está diseñada para regenerarse, para renacer, para brillar, que la sanación verdadera no es regresar a lo que éramos antes. Es fosilizar la lección, cristalizar la sabiduría y permitir que esa nueva versión de nosotros mismos —forjada en el fuego del sufrimiento y solidificada en la luz de la consciencia— se convierta en nuestro nuevo ser.
Porque al final, como el ámbar que nace de una herida y se convierte en joya, nosotros también podemos transformar nuestro sufrimiento en sabiduría, nuestra enfermedad en despertar, y nuestra fragilidad en la fortaleza más luminosa.
*El hierro es un metal por su composición química, pero a menudo se encuentra en la naturaleza como un mineral (mineral de hierro), que es el material del que se extrae el metal. El hierro elemental (Fe) es un metal de transición, mientras que los minerales son compuestos naturales (como los óxidos de hierro) a partir de los cuales se produce el metal a través de procesos industriales como la fundició
**El glutatión es un antioxidante natural que el cuerpo produce a partir de los aminoácidos glutamina, cisteína y glicina. Se considera el antioxidante más potente porque combate el daño celular, los radicales libres, desintoxica el hígado y ayuda a regenerar otros antioxidantes como las vitaminas C y E.
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